Cada vez escuchamos y leemos más sobre el «eje cerebro intestino corazón» y muchas veces no paramos en preguntarnos cuál es la comunicación entre cerebro y corazón ni en qué se traduce en nuestras vidas. En Occidente llevamos muchos siglos otorgando al corazón la función de «bomba» sin más, pero los datos apuntan a que no es sólo una bomba, es mucho más porque existe una estrecha comunicación entre cerebro y corazón.
Las primeras investigaciones
En los años 60 y 70, los investigadores John y Beatrice Lacey determinaron que existe una
comunicación entre cerebro y corazón, que ambos se relacionan de tal manera que afecta a cómo
percibimos y reaccionamos a nuestra realidad exterior. Desde entonces, se ha ido avanzando en su
investigación y actualmente se sabe que el corazón no es sólo una bomba sino que es un centro
altamente complejo de procesamiento de información. Su actividad afecta a la claridad mental, la
creatividad, el equilibrio emocional, la intuición y la eficiencia personal. Además, el corazón puede
influir en la forma en que percibimos y respondemos en nuestras interacciones diarias.
Red neuronal cardiaca
Se conoce actualmente que el corazón tiene una compleja red neuronal, a la que se llama “cerebro
cardiaco”. Este sistema tiene funciones de memoria a corto y largo plazo y puede ser independiente del
comando del cerebro. Es fundamental para el correcto funcionamiento cardiaco. Integra sus propias
neuronas sensoriales (que detectan cambios de presión, frecuencia y ritmo cardiaco) así como una
comunicación cerebro corazón a través del sistema nervioso autónomo, tanto del simpático como
del parasimpático (éste último sobre todo vehiculizado a través del nervio vago).
Corazón hormonal
Aunque no se considera una glándula endocrina, el corazón también genera hormonas como por
ejemplo el péptido natriurético auricular, que está involucrado en el control de líquidos del organismo,
así como en la regulación de las hormonas de estrés y en el sistema inmune. Hay estudios que también
lo asocian con la motivación. Otras hormonas liberadas por el corazón son catecolaminas (hormonas de
estrés) y la oxitocina (hormona del amor y los vínculos interpersonales).
Corazón biofísico
La forma en que varía nuestro pulso cardiaco, latido a latido, es lo que se denomina variabilidad de la
frecuencia cardiaca. Es el mejor marcador de salud tanto del equilibrio cardiovascular como de nuestra
salud emocional y resiliencia. La onda que describe esta variabilidad de la frecuencia cardiaca se llama
coherencia cardiaca y se puede trabajar con diversas técnicas. Su mejora conduce a mejoras en la
función cognitiva, estado emocional, autorregulación, resiliencia y salud cardiovascular. Es otra de las
manifestaciones de esa conexión cerebro corazón.
Corazón magnético
El campo magnético del corazón se irradia fuera del cuerpo y une a las personas y a los animales de
formas sorprendentes, fortaleciendo no sólo nuestra salud y felicidad personal sino también alcanzando
al resto del mundo a nuestro alrededor. ¡Ahora tiene tanto sentido esa canción de los Beatles que dice
«All you need is Love»!


