Estrés y daño cardiovascular

Se habla mucho sobre “lo malo” del “estrés” sobre la salud

cardiovascular, pero posiblemente no nos hayamos parado

a pensar sobre si es más mito que cierto y en caso de ser

verdad, qué mecanismos son los que subyacen a nivel

molecular para entrelazar estrés y daño cardiovascular.

 

 

Lo que a los médicos nos enseñan en nuestra formación

 

Hasta ahora en la universidad, al estudiar medicina no han existido asignaturas donde se explique

claramente qué es estrés y cómo perjudica al organismo, qué pasa con aquello de «estrés y daño

cardiovascular«. Los estudios se han focalizado en desgranar el cuerpo humano para entender su

funcionamiento en un estado «saludable», entender cómo enferma y memorizar las estrategias

conocidas para intentar solucionarlo. Cuando somos médicos y nos preguntan los pacientes si les ha

podido dar un infarto por estrés, muchas veces nos resulta una idea ridícula ydecimos claramente que

no. Sin embargo la literatura cada vez más avala de forma científica cómo el estrés psicosocial

mantenido es un factor de riesgo muy importante y puede inducir a daño cardiovascular. Esto indica

que cada vez más el colectivo médico tenemos que actualizar nuestra información y abrirnos a que

mente y cuerpo interactúan más de lo que «se nos ha enseñado tradicionalmente».

 

Mecanismos moleculares que entrelazan estrés y salud cardiovascular

 

Los efectos del estrés mantenido y pobremente gestionado sobre el corazón vienen derivados de una

activación perniciosa del eje hipotálamo-hipófiso-adrenérgico. Este eje se activa ante la percepción de

una situación amenazante y produce una secreción de sustancias químicas (por ejemplo, hormonas

como la adrenalina, noradrenalina y cortisol), que alteran el equilibrio metabólico (sobre todo afectan al

metabolismo lipídico y al de los hidratos de carbono).

El estrés induce daño cardiovascular porque promueve un desequilibrio sostenido. Este

desequilibrio sostenido en el tiempo va a mantener un estado de inflamación crónica de bajo grado muy

perjudicial, puesto que es el caldo de cultivo perfecto para promover la oxidación tisular que conducirá

al daño cardiovascular, alteraciones del metabolismo y senescencia o envejecimiento celular.

 

¿Cómo hacer para mejorar esta situación como colectivo?

 

Como colectivo sanitario, es importante tener esta información muy cuenta por dos motivos. El primero,

porque es fundamental promover todas aquellas estrategias de salud que abarquen no sólo el campo

físico de los pacientes sino también el emocional, el mental, el relacional y el energético. En segundo

lugar, para nosotros como colectivo de sanitarios que trabajamos a diario sosteniendo mucho dolor,

manejando la enfermedad, la pérdida y la muerte, el estrés es un denominador común en nuestro día a

día. Es fundamental abordarlo en nuestro cuidado personal porque si nosotros no estamos bien, no

podemos ofrecer a los pacientes nuestra mejor versión. De hecho, cualquier colectivo profesional que

desarrolle su trabajo con personas (por ejemplo profesores, trabajadores sociales, abogados, etc…) es

candidato a deteriorar su salud por motivos de estrés mantenido, por lo que para todos nosotros los

profesionales que cuidamos de personas, es fundamental integrar en nuestro cuidado, estrategias de

gestión del estrés.

 

 

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