El dolor es un fenómeno perceptivo, que por tanto tiene que ver con una experiencia que se percibe de forma sensorial, se recoge y traslada al cerebro para que lo interprete y actúe promoviendo la supervivencia. Hay muchas estructuras involucradas, desde los receptores periféricos o interiores (cuando es un dolor interno), hasta las vías nerviosas y las áreas cerebrales que reciben, interpretan y efectúan una respuesta. Lo fascinante que sabemos es que aunque parecería inconcebible, pero el corazón modula la respuesta al dolor.
La base sobre la que se percibe
La percepción es el proceso mediante el cual nuestra mente o consciencia se percata de algo que está
sucediendo en el mundo exterior o en nuestro mundo interior. Ese percatarse se trata de una actividad
neuronal concreta ante un evento concreto. Antiguamente se pensaba que, si no sucedía nada, entonces
la mente estaba apagada, pero hoy sabemos que no es cierto, pues la mente está en constante actividad y
movimiento aunque no percibamos nada de afuera, ya que está recibiendo millones de inputs o datos de
todos los órganos del cuerpo. Esta información “basal” es fundamental para que se pueda percibir,
porque se trata metafóricamente del lienzo sobre el que se pinta el cuadro que construimos en nuestro
interior. El dolor, al ser una percepción, se percibe en base a un paisaje previamente delimitado por
dinámicas neuronales diversas; entre esas dinámicas, hoy sabemos que el corazón modula la
respuesta al dolor.
Corazón y dolor
El dolor es una percepción fundamental para nosotros, pues su función inicial es la de avisar que existe
un potencial daño al que atender. Pues bien, en su libro “Neurociencia del cuerpo”, Nazareth Castellanos
comenta estudios que avalan que la actividad del corazón es importante para la percepción del dolor o
de la ansiedad y que la hipertensión puede también condicionar nuestra respuesta a la emoción.
El corazón modula la respuesta al dolor porque está en permanente comunicación con
estructuras cerebrales como la ínsula posterior, corteza cingulada anterior y amígdala, que también
están involucradas entre otras cosas en la experiencia de las emociones y en del dolor.
Ante un hecho doloroso, el hecho de anticiparnos a él con angustia y/o intentar evitarlo, aumenta la
actividad neuronal en estas estructuras que reaccionan más a los latidos cardiacos y se aumenta el grado
de incomodidad. Sin embargo, practicar la atención plena y sin juicio al dolor, activa la corteza frontal
que a su vez regula la ínsula y el corazón y mejora la experiencia del dolor y de la ansiedad asociada a él.
Cuidar el corazón para regular la experiencia de dolor
El cuidado integral al corazón integrando herramientas de relajación, atención focalizada, respiración
abdominal consciente, coherencia cardiaca y meditación como las que se ofrecen en cardializarte, sin
duda es más que medicina para bajar la hipertensión, convivir mejor con el dolor crónico, con la
ansiedad y habitar un cuerpo más funcional, una mente más flexible y una vida más plena.


