El dolor no es sólo una experiencia sensorial, sino que también implica la participación de la esfera emocional, la social y la cognitiva. ¿Es entonces el dolor una entidad meramente cerebral? En efecto, ahora te voy a explicar cómo en la experiencia del dolor también contribuye el corazón.
Cerebro cardiaco
El corazón se ha considerado tradicionalmente una fuente de emociones y sabiduría. Hoy día sabemos
que el corazón posee un “segundo cerebro”, pues tiene una red neuronal donde coexisten unas 40.000
neuronas en una red compleja de interacciones que se asemejan a las del cerebro.
¿Es entonces el corazón parte compartida en la experiencia del dolor?
Efectivamente, en la experiencia del dolor también contribuye el corazón. Gracias al nervio
vago, cuyas fibras son en su mayor parte aferentes (es decir, que un 80% de esas fibras van de abajo a
arriba llevando información del corazón y otros órganos al cerebro) el corazón conecta con tálamo,
hipotálamo, sistema límbico (cerebro emocional) y cerebro cortical (el racional). Esto produce un efecto
MODULADOR de la experiencia del dolor en el cerebro, no sólo del componente más mecánico o
fisiológico, sino también del componente emocional.
La mirada médica
Para serte sincera te confieso que muchas veces los médicos hemos banalizado la idea de que el corazón
fuese algo más que una mera bomba mecánica, de hecho, es lo que nos enseñan en la carrera… Hace
años no hubiésemos podido aceptar la idea que en la experiencia del dolor también contribuye
el corazón. Pero gracias a la curiosidad intrínseca del ser humano hemos podido investigar y seguimos
haciéndolo, para dar respuesta a nuestras preguntas y curiosidades que tanto nos alimentan y que hacen
cada vez más real la integración de medicinas tradicionales con la medicina occidental, de lo poético con
lo racional…
Y eso es al fin y al cabo el corazón: ARTE y CIENCIA en un mismo sistema integrado.
En CardializArte utilizamos herramientas como la meditación, respiración consciente diafragmática y
prácticas de coherencia cardiaca para mejorar el diálogo entre corazón y cerebro, mejorando la
sensación de sufrimiento y dolor, tanto física como emocional.
¿Qué te parece? A mí, apasionante 😉


