Percibir es un proceso de selección de interacción con el entorno donde tras varias etapas se llega a formar una imagen mental que es diferentes según sea la experiencia y las necesidades del que percibe. Por eso, un mismo estímulo visual, por ejemplo el que aparece en la imágen de portada de este artículo, se representará para algunos individuos como un jarrón y para otros como dos perfiles de caras. Hemos aprendido a que la percepción es un fenómeno donde interactúan los receptores de los ojos con las áreas cerebrales que procesan la visión, pero hoy sabemos que hay una relación entre percepción visual y corazón.
Mente on o mente off
La mente no sólo está activa cuando percibe “algo” por uno de los cinco órganos de los sentidos, sino
que tiene una actividad neuronal cambiante y permanente que le viene derivada de toda la información
que llega a ella desde las vísceras del cuerpo. Es precisamente esta información visceral la que hace que
la actividad neuronal mental sea permanentemente fluída y es la base sobre la que se construyen las
experiencias de la percepción. Ejemplos para verlo mejor serían la claridad y la oscuridad (no
podríamos darnos cuenta de lo claro si no existiera lo oscuro) o el sonido y el silencio (no podríamos
saber lo que es el sonido si no existiera el silencio). Teniendo esto en cuenta, es más fácil entender la
relación entre percepción visual y corazón.
Corazón y percepción
La percepción de algo es un fenómeno instantáneo que se construye en base a la experiencia anterior a
ello. Por eso, lo que ocurre internamente en nuestro cuerpo en un instante determinado es lo que va a
influir en que la percepción de los sucesos que surjan. Y dentro de las vísceras que moldean la actividad
cerebral basal, el corazón es una de las que más influye. No siempre tenemos consciencia de lo que pasa
ante nuestros ojos. Se sabe que vemos un objeto si el cerebro responde a los latidos del corazón, por eso
de habla de la relación entre percepción visual y corazón. Esto se produce en varias fases: cuando el
corazón late movemos más los ojos; en diástole cardiaca(relajación) se fija la mirada para integrar la
información y cuando se parpadea se cierra la puerta al mundo exterior.
El corazón marca el ritmo al que percibimos y es la base de esa actividad neuronal sobre la que se
construye el objeto percibido.
Cuidar el corazón para ver mejor
Cuidando el corazón cuidamos también nuestra forma de ver el mundo y eso influye en nuestras
emociones, porque en la base de la emoción hay una percepción que se enlaza con una interpretación en
un espacio de tiempo infinitamente breve. La salud cardiovascular tiene mucho que ver con lo que
vemos (valga la redundancia), de ahí que me nazca compartir esta frase metafórica que me he inventado
de «corazón que no ve, ojos que tampoco«.


